peregrinos
los cuarenta caminaban por el sendero sabiendose observados, perseguidos. y el hambre los quemaba de las entrañas a la piel.
algunos recordaban otros tiempos, tiempos mejores en los que podían cerrar los ojos y correr sin miedo a caer o tropezar, cuando imaginaban en los jardines que vivian aventuras de piratas, cuando jugaban a la mesa, y cuando cantaban y comían (y según las abuelas enloquecian), y el único sentido de la vida era encontrar el tesoro, reunir todas las fichas y bailar, cantar, comer y que nadie se fuera hasta que todo se acabara.
otros caminaban sonriendo, sólo podían recordar tiempos peores, momentos en los que cerraban los ojos con la esperanza de despertar muy lejos o no despertar. donde el hambre se anhelaba como un mal menor y el dolor invadía cuerpo y alma por igual, y no había razón para buscarle sentido a la vida.
pero todos caminaban sin detenerse, sin saber por donde los llevaría la veredíta que hace muchos años les prometió llevarlos a un lugar mejor.
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Sally says:
En la mente está la decisión de saber clasificar, sí el lugar es mejor o peor que otro… y a partir de ahí, nuestra vida…. nuestra felicidad.
February 11th, 2009 at 5:09 pm