es un lugar pequeñito, pero muy acogedor, dos o tres mesas, no más. es raro, hay días que lo encuentras y otros que no, pero igual tienes que ir los jueves o viernes, que es cuando va la muchacha de los ojos café clarito, creo que se llama ulrica. a ella le pides un agua de horchata, fuuu, no sabes que delicia.
luego tienes que ordenar unos tacos dorados, pueden ser de pollo o de queso, yo te recomiendo los de pollo… y no olvides ponerles salsa verde. el postre es siempre el mismo, platanos fritos con crema, pero no hay queja, son muy sabrosos y a veces, si te ves muy triste, ulrica se sienta a comerse un postre contigo, le invitas un café de ahí mismo y ya está. si vas, saludame a don luisbo, es el dueño, por favor dile que los extraño y que espero pronto volverlos a encontrar.
metió la mano en el bolsillo y comenzo a buscar las llaves. encontró una envoltura y se detuvo unos segundos para identificarla, ¿desde cuando estaba ahí? finalmente volvió a su busqueda, encontró sus llaves y fue usandolas una a una para abrir cada cerraduras de la puerta. Hace mucho que no estaba por aqui, ya había olvidado lo tardado que es lograr entrar.
abrió lentamente, no quería que nadie lo escuchara. siguio siendo sigilosos, aún cuando se había dado cuenta desde el principio que nadie estaba, nadie a quien despertar, nadie que se molestara o emocionara por su llegada.
la casa lucia más polvorienta que de costumbre, caminó por el pasillo a tientas, la verdad es que no pudo recordar donde esta el apagador. se detuvo frente a las puertas de las recamaras, en una de ellas una luz débil, quizá una vela. empujó la puerta y vio que en la cama seguía ella acostada -¿mi amor, eres tú?- preguntó el cuerpo en la cama, casi musitando. creo que sí, contesto él.
¿porqué tardaste tanto?-
no lo sé, ¿cuanto tiempo estuve fuera?- dijo él mientras se sentaba al lado del cuerpo en la cama.
una eternidad, o al menos asi me lo pareció- contestó ella esbozando una leve sonrisa.
mmh- el tambien sonrió mientras comenzaba a acariciar la mano de la mujer en la cama.-¿me perdonas?
Ella suspiró y comenzó a acariciar el rostro del hombre sentado junto a ella e intentó decir algo, movió los labios pero no emitio sonido alguno. Gracias- habló él -Me tengo que ir.
sí, esta bien- dijo ella y volvió a acurrucarse mientras cerraba los ojos. él se levantó y dijo: vuelvo pronto.
no te preocupes, que Dios te bendiga- declaró ella aún con los ojos cerrados.
a ti tambien. -habló por ultimo a su amada.
salió de la recamara y volvió a emparejar la puerta, recorrió el pasillo, salió de la casa, cerró cada cerradura, y finalmente guardó las llaves y la envoltura de nuevo.
ya se estaba cansando. tanto caminar… y no es que la pasará mal, pero tenía la sensación de que un ser etéreo le había susurrado algo al oído mientras dormía. y eso lo tenía así, como buscando sin saber qué. sin querer saber en realidad. igual él sabía que ya era hora. finalmente se sacudió el polvo que se había impregnado en su saco a través de los años y decidió que era tiempo de enseñarle a alguien como volar un papalote.
de haber sabido, te hubiera invitado antes. gracias por este año junto a tu padre que te ama. gracias, tim.
el auto se detuvo, pero el paisaje seguía alejándose, corriendo, imparable.
salió, levantó el cofre y buscó de donde salía el vapor que parecía inundar todo. se acordó de una película donde la niebla asesina a los protagonistas, nunca la vio, pero igual le parecía una idea divertida… hasta hoy.
no encontró nada y poco a poco el vapor fue desapareciendo y el motor enfriándose. prendió el radio en lo que esperaba otro rato, recorría las estaciones pero sólo logró captar algunas señales de música norteña, y pues no estaba de humor para bailar, mejor apagarlo, no se vaya a bajar la batería.
comenzó a obscurecer, hubiera traído suéter, se lo dijo su esposa antes de salir, se lo regalo su mamá cuando cumplió 23 años, se lo tejió su abuelita hace muchos años, se lo pasó su primo cuando ya no le quedaba, se lo heredo su tío antes de partir… la verdad ya no se acuerda.
no llega la grúa, un último intento a ver si arranca… nada. piensa en una taza de café, no, en un vaso de cartón, con café, cierra los ojos e imagina el aroma, el calor en sus manos y el sabor amargo, amarguísimo. ojalá ya llegue la grúa, tiene muchas ganas de un café.
me doy cuenta que la vida es más rápida que yo, que es difícil hacer que aquello que es hermoso, bondadoso o generoso dure un poquito más, estoy consciente de que el sol no se cae todas las noches, de que sólo es un espejismo inventado por la tierra al girar en el espacio.
después de mucho caminar por la sierra albarrana llegué a un almacén. ahí me dijeron que 220 litros de un líquido (0,04 GBq/m³) llegaría en un bidón, el cuál debía transportar a un contenedor y esperar a otras diecisiete personas quienes también llegarían con su respectivo barril. cuando no faltará nadie debía inmovilizar los recipientes inyectando mortero.
luego estaría obligado a llevarlos a una celda de almacenamiento y esperar a otros 319 sujetos, y después, entre todos, construiríamos una losa superior de cierre con hormigón armado y la impermeabilizaríamos. todo esto se debería repetir 28 veces, para posteriormente taparlo todo con una última cobertura formada por diferentes capas, la última de tierra vegetal. finalmente empezaría mi último trabajo, la fase de vigilancia por trecientos años… cuando me talle los ojos me di cuenta que estaba frente a mi hijo, pensando en como vestirlo, como cuidarlo, como participar en su formación, como cambiarle el pañal y como ser de bendición para él… y todo parecía ingeniería nuclear, je, nada te hace sentir más ignorante, falto de preparación ni más feliz. gracias tim.
apenas una notita que quedo atrapada en sus cabezas, apenas un Do que se aferra a su memoria como el aroma del clavo y el sabor del pápalo.
lo recibieron al tender la mano una vez que estaban muy calladitos. Ella luego luego lo puso en un vaso con agua para ver si echaba raíces. lo ha escuchado gemir mientras intenta crecer y se le queda viendo por horas, imaginando que será de grande, ¿un silbidito en las mañanas de bosque, una improvisación al piano, un loop que todos bailen, una sinfonía grandilocuente?
hoy es canción de cuna y no pueden esperar a que la llame mamá.
observas la foto que sostienes en tus manos. todo es un poco diferente en tu memoria, no recuerdas que los colores fueran tan metálicos.
tomas tus cosas y sales de tu casa con la disposición de repetir lo que hiciste ayer y lo que harás mañana. das un paso y comienzas a cruzar el desierto. ves a los mismos tipos de siempre, ves las mismas dunas y los mismos bichos. a lo lejos, entre el polvo, ves a un mago que sostiene con una mano un sombrero de copa y con el otro lo explora tratando de crear expectación, apenas murmuras “conejo”, el mago saca un conejo jalándolo de las orejas, su inexistente público guarda silencio como siempre.
llegas a tu destino y el mausoleo esta listo, te hace sentir que ha estado ahí desde siempre para recibirte, esperando este día… das pasos lentos para entrar en su obscuridad, pensando si será difícil encontrar tu lugar. Encuentras una luz y escuchas: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? …eso no te lo esperabas.
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la pausa inútil, cumplió cuatro años… y ni quien se diera cuenta.
volteó por última vez antes de detenerse. jadeando buscó un lugar donde sentarse. caminó hasta una piedra enorme que la invitaba con su mirada. le sonrió y se sento en ella. se quito los tenis para poder sentir el pasto con sus pies mientras buscaba su botella de agua en su riñonera. dió un trago cerrando los ojos e imaginando el agua recorriendo sus entrañas. suelta el aire con satisfacción y mira a su alrededor, tan verde, todo tan callado. se queda un rato mirando al cielo y se imagina que esos pajaros al vuelo estan dibujados sobre hojas de papel. esta cansada, pero se sabe divinamente feliz. (Salmo 23.2 y 3).
no entiendo nada, dijo frustrado ese técnico que se creía hombre de ciencia mientras se llevaba las manos a la cabeza. no estoy entendiendo, dijo ese lector de fanzines y revistas que jugaba a ser poeta mientras echaba una última bocanada de humo. el ministro gritaba desde lo alto de la montaña, Señor, ¿no entenderé nada? finalmente se levanto de su asiento un ocioso y orgulloso dijo: no entiendo nada.